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Alérgenos en tu carta, qué exige la ley y qué conviene

Vale la pena separar dos cosas que suelen ir mezcladas, o sea lo que la norma chilena te obliga a hacer hoy y lo que conviene hacer igual aunque no te lo exijan.

EM
Erika Moreno
7 de septiembre de 2026 · 5 min de lectura
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El MINSAL reconoce ocho grupos de alérgenos alimentarios y su declaración es obligatoria en el rótulo de los alimentos envasados. Para un plato servido en la mesa el reglamento no exige listarlos en la carta, aunque si vendes formatos envasados sí te aplica, y responder mal una consulta tiene consecuencias reales.

Carta con alérgenos y dietas especiales, plato equilibrado con pollo, cereales, choclo y hojas verdes visto desde arriba
Chile Este artículo está escrito con normativa, fechas y datos de Chile.

Los ocho alérgenos que reconoce Chile

La lista oficial está en la resolución exenta 427 de 2010 del Ministerio de Salud, que define los alérgenos alimentarios conforme al artículo 107 letra h del Reglamento Sanitario de los Alimentos.

  1. Cereales que contienen gluten, o sea trigo, avena, cebada y centeno, espelta o sus cepas híbridas, y productos de éstos.
  2. Crustáceos y sus productos.
  3. Huevos y sus productos.
  4. Pescados y productos pesqueros.
  5. Maní, soya y sus productos.
  6. Leche y productos lácteos, incluida la lactosa.
  7. Nueces y productos derivados.
  8. Sulfito en concentraciones de 10 miligramos por kilo o más.

Conviene fijarse en que la lista chilena es más corta que la europea, así que ingredientes como el sésamo o la mostaza no están incluidos acá. Eso no significa que no causen reacciones, solo que la obligación de rotularlos no existe en nuestra normativa.

Dónde declararlos es obligatorio de verdad

Acá está la distinción que ordena todo el tema, y conviene tenerla clara antes de rediseñar la carta.

El artículo 107 del reglamento parte diciendo que la obligación de rotular aplica a los productos alimenticios que se almacenen, transporten o expendan envasados. Cuando el alimento contiene alguno de los alérgenos reconocidos, deben señalarse en la misma lista de ingredientes, con letra de tamaño igual o mayor a la de los demás ingredientes, o bajo el título "Contiene...".

Hay dos detalles más de esa norma que sirven bastante. Si el ingrediente es un derivado, hay que rotular el ingrediente y también el alérgeno, con el ejemplo textual de la norma, que es caseína de leche. Y si existe riesgo de contaminación durante el proceso, se agrega una frase del tipo "Puede contener...", "Contiene trazas de..." o "Elaborado en líneas que también procesan...".

Qué pasa con el plato que sirves en la mesa

Siendo precisos, el reglamento no obliga hoy a listar los alérgenos en la carta de un plato preparado y servido en el local. Prefiero decírtelo así de claro, porque circula bastante la idea contraria.

La obligación aparece cuando envasas. Si vendes packs preparados con anticipación, porciones predefinidas para llevar o productos que dejas listos en vitrina, ahí entras en terreno de rotulación y el artículo 468 sobre el rótulo de comidas preparadas se suma a lo anterior.

Por qué conviene hacerlo igual

Que no sea exigible en la carta deja el tema en tus manos, y hay tres razones bien concretas para tomarlo en serio.

Cómo armar la matriz sin volverte loco

Lo que funciona es una tabla simple, con tus platos en las filas y los ocho grupos en las columnas, marcando una cruz donde corresponda.

  1. Parte por las salsas, los aderezos y los fondos, porque ahí se esconde la mayoría de los alérgenos que nadie declara.
  2. Revisa las fichas técnicas de los productos que compras hechos, ya que el pan de la hamburguesa o la salsa comprada traen su propio rótulo.
  3. Marca aparte los platos donde el riesgo viene de la manipulación, como la fritura compartida, aunque la receta esté limpia.
  4. Define para cada plato si admite modificación, o sea si se puede servir sin ese ingrediente sin rehacer la preparación.
  5. Deja la matriz accesible desde el teléfono del equipo durante el servicio.

Ese último punto conecta con algo que ya revisamos en capacitar a un garzón nuevo, porque una ficha de producto consultable en treinta segundos evita que alguien improvise una respuesta.

La cocina compartida y las trazas

Este es el punto donde más se falla, y también donde más se agradece la honestidad. Si fríes papas en el mismo aceite donde pasan empanizados con trigo, ese plato no es apto para alguien celíaco por mucho que la receta no lleve harina.

La norma de rotulación ya reconoce esta situación con sus frases de trazas, y el mismo criterio sirve en la carta. Decir que compartes fritura permite que la persona decida con información, mientras que omitirlo traslada el riesgo a quien menos puede asumirlo.

Dietas especiales, que es otra conversación

Conviene no mezclar las dos cosas. Un alérgeno es un asunto de seguridad, mientras que una preferencia como la vegetariana o la vegana es una decisión del cliente. Ambas merecen respuesta, aunque el error tiene consecuencias muy distintas.

Para las preferencias basta con marcar los platos en la carta y tener dos o tres alternativas reales, no una ensalada de descarte. Para los alérgenos hace falta el proceso completo, o sea la matriz, la capacitación y el protocolo de qué hacer cuando no se sabe.

Una aclaración final. Esto es una guía para ordenarte y no reemplaza la asesoría de un profesional ni lo que indique la autoridad sanitaria, ya que las obligaciones cambian según el formato en que vendas y lo que estés elaborando.

Que la información del plato viaje con el pedido

Con Mercat cada producto lleva su ficha, así que la carta digital y quien atiende muestran lo mismo, sin depender de que alguien se acuerde.

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Preguntas frecuentes

Son ocho grupos, definidos en la resolución exenta 427 de 2010 del Ministerio de Salud. Cereales con gluten, crustáceos, huevos, pescados y productos pesqueros, maní y soya, leche y lácteos incluida la lactosa, nueces y derivados, y sulfito en concentraciones de 10 miligramos por kilo o más. La lista chilena es más corta que la europea.

En un plato preparado y servido en el local, el reglamento no lo exige hoy. La obligación de rotular alérgenos aplica a los productos que se almacenan, transportan o expenden envasados, así que si vendes packs preparados o porciones predefinidas para llevar sí te corresponde. Aun sin obligación, informarlo reduce un riesgo que es sanitario.

Decir que vas a consultar en cocina y volver con la respuesta. Un creo que no lleva dicho con buena intención puede terminar en una reacción seria, así que la honestidad es el camino correcto. Tener una matriz de alérgenos accesible desde el teléfono durante el servicio evita que alguien tenga que improvisar.

Conviene hacerlo, porque una papa frita en el mismo aceite donde pasan empanizados con trigo deja de ser apta para alguien celíaco aunque la receta no lleve harina. La propia norma de rotulación reconoce esta situación con frases como puede contener trazas, y el mismo criterio sirve para responder en el salón.

No conviene tratarlos igual. Un alérgeno es un asunto de seguridad donde un error puede tener consecuencias graves, mientras que una preferencia como la vegetariana o la vegana es una decisión del cliente. Las preferencias se resuelven marcando platos en la carta, y los alérgenos necesitan matriz, capacitación y protocolo.

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Erika Moreno
Content Manager en Mercat. Escribe sobre estrategia, tecnología y rentabilidad para restaurantes en Chile, sin tecnicismos y con números sobre la mesa.