Fidelización

Cómo armar tu base de clientes si vendes por apps

Que el cliente de la app no sea tuyo ya lo sabes. Más difícil es saber qué hacer el lunes, cuando llevas tres años vendiendo así y tu base está vacía.

EM
Erika Moreno
13 de octubre de 2026 · 4 min de lectura
Respuesta rápida

Si tu volumen vive en apps, el punto de contacto directo que te queda es la bolsa que llega a la casa del cliente. Ahí cabe un motivo para que te deje sus datos por su cuenta, que es la forma limpia de armar una base. Es lento, así que conviene calcular el ritmo antes de imprimir nada.

Dos teléfonos sobre fondo amarillo, con una mano que sale de una pantalla y toma un sushi de la otra con palillos

Lo que tienes y lo que no

Conviene partir por el inventario, sin repetir el argumento. Por qué te conviene una base propia está desarrollado en de la tarjeta de sellos al CRM, y lo que te exige la ley una vez que la tienes, en datos de clientes.

De cada pedido por app sí tienes el detalle de lo que pidieron, la hora y el monto, dentro del panel de la plataforma. Lo que no tienes es cómo contactar a esa persona mañana.

Y lo que la plataforma te entregó para repartir, como una dirección, te lo dio para eso. Usarlo después para mandar promociones es otra finalidad, y ahí el terreno se pone resbaloso.

La bolsa es tu único canal directo

Hay un momento en toda la operación donde la plataforma no está en medio, y es cuando el cliente abre la bolsa en su casa.

Ese instante es tuyo. La persona ya tiene tu comida enfrente y acaba de vivir una experiencia con tu marca, no con la app que cobró.

Si además atiendes salón, ahí tienes el mismo momento y más fácil, porque hay alguien de tu equipo delante para explicarlo. Conviene partir por ahí para practicar el mensaje antes de imprimir mil tarjetas.

Qué va dentro de la bolsa

Una tarjeta chica con un QR, y poco más. Lo que decide si alguien lo escanea es lo que ofrece, más que el diseño.

Pedir que te sigan en redes rinde poco para esto. Un seguidor no deja un dato con el que puedas volver a buscarlo, y la plataforma donde vive ese seguidor tampoco es tuya.

El QR además tiene que llegar a algo que funcione en diez segundos. Si lleva a una página lenta, a un formulario de seis campos o a una app que hay que descargar, el cliente que ya estaba dispuesto se cae justo ahí. Conviene probarlo con el teléfono más viejo que tengas a mano y con datos móviles, no con el wifi del local.

El motivo tiene que valer el trámite

La mayoría de los intentos se cae por ofrecer poco. Un descuento chico no paga el trabajo de escanear, escribir un correo y aceptar condiciones.

Rinde más algo que se sienta concreto y que solo exista en tu canal. Un producto que no está en la app, el despacho sin costo la primera vez, una porción extra que la plataforma no ofrece.

Si además quieres diferenciar el precio respecto de la app, eso lo revisamos aparte en precios distintos en delivery.

La aritmética, para calibrar la expectativa

Este cálculo conviene hacerlo antes de imprimir nada, porque evita la frustración del primer mes.

Toma tus pedidos por app del mes y multiplícalos por la proporción que logres convertir. Supongamos mil pedidos y que uno de cada cincuenta deja sus datos. Son veinte contactos al mes.

Veinte parece poco. En seis meses son ciento veinte personas a las que puedes escribirle directo, sin pagar comisión por alcanzarlas. Esa base sigue ahí cuando la plataforma cambie su algoritmo.

Tu proporción real la vas a conocer recién al segundo mes. Lo importante al principio es medirla, porque ese número te dice si el motivo que ofreciste alcanzaba.

Qué hacer con los primeros contactos

Lo que suele pasar es juntar datos y después no usarlos. Con cien contactos ya puedes hacer algo útil, sin esperar a tener miles.

Escríbeles una vez al mes, con algo que valga la pena abrir. Un plato nuevo, un horario con menos espera, un beneficio que la app no tiene. Es el mismo trabajo que revisamos en el programa de referidos, aplicado a gente que todavía no sabe que puede pedirte directo.

Y mide dos cosas. Cuántos de esos contactos compraron por tu canal al menos una vez y cuánto tardaron en hacerlo desde que se registraron. El primero te dice si la base sirve y el segundo cuánto hay que esperar antes de sacar conclusiones.

Que el QR de la bolsa termine en una ficha

Con Mercat quien escanea llega a tu propia tienda, compra con tu marca y queda registrado con su historial, así que la próxima vez le escribes tú.

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Preguntas frecuentes

Conviene no hacerlo. Los datos de un pedido que llegó por marketplace se rigen por la relación entre esa plataforma y esa persona, y lo que te entregaron para repartir te lo dieron para eso. Usarlo con otra finalidad es terreno resbaloso. El camino limpio es pedir el consentimiento directamente, con un motivo propio.

En el único momento en que la plataforma no está en medio, que es cuando abre la bolsa en su casa. Una tarjeta chica con un QR y un motivo concreto para escanearlo. Si además atiendes salón, ahí resulta más fácil todavía, porque hay alguien de tu equipo delante para explicarlo.

Algo que se sienta concreto y que solo exista en tu canal propio. Un producto que no está en la app, el despacho sin costo la primera vez, una porción extra que la plataforma no ofrece. Un descuento chico no alcanza, porque no paga el trabajo de escanear, escribir un correo y aceptar condiciones.

Más de lo que uno quisiera, y conviene calcularlo antes de empezar. Toma tus pedidos por app del mes y multiplícalos por la proporción que logres convertir. Con mil pedidos y uno de cada cincuenta registrándose, son veinte contactos al mes y ciento veinte en medio año.

Escribirles una vez al mes con algo que valga la pena abrir, como un plato nuevo o un beneficio que la app no tiene. Y medir dos cosas, cuántos compraron por tu canal al menos una vez y cuánto tardaron en hacerlo desde que se registraron.

EM
Erika Moreno
Content Manager en Mercat. Escribe sobre estrategia, tecnología y rentabilidad para restaurantes en Chile, sin tecnicismos y con números sobre la mesa.